sábado, 10 de febrero de 2018

Actos centrales por los Mártires de la Tradición 2018

SÁBADO 10 DE MARZO

EL PARDO (MADRID). MÁRTIRES DE LA TRADICIÓN 2018

10:45
SANTA MISA POR LOS MÁRTIRES DE LA TRADICIÓN
Iglesia del Convento del Cristo del Pardo
Carretera del Cristo del Pardo, s/n

13:30
COMIDA DE HERMANDAD Y ACTO POLÍTICO
Restaurante El Faro del Pardo
Carretera El Pardo-Fuencarral, Km. 1

Cubierto: 38 €
Estudiantes: 28 €
Menú infantil

Se puede pagar el mismo día, previa reserva de plaza lo antes posible en: circulo@mollelazo.com

Quien desee facilitarnos la gestión, puede hacer el ingreso en la cuenta de Bankia número 2038 1153 21 6001032574 a nombre del Círculo Cultural Antonio Molle Lazo, y aportando el día 10 el justificante de pago.
**Transporte público desde Madrid a la localidad del Pardo: Autobús 601, parada en el intercambiador de Moncloa (isla 3, dársena 30) cada 20 minutos aproximadamente.

jueves, 1 de febrero de 2018

Tecnología, libertad y conciencia. Una mirada tradicionalista a Black Mirror

Tecnología, libertad y conciencia. Una mirada tradicionalista a Black Mirror.

La editorial de la Universitat Oberta de Catalunya nos propone unas sugestivas reflexiones sobre los abismos de la tecnología a través de una serie de textos coordinados por Jorge Martínez-Lucena y Javier Barraycoa. Una colaboración entre ambos doctores por cierta ya fecunda, en la estela del también muy recomendable ensayo El zombi y el totalitarismo. De Hannah Arendt a la teoría de los imaginarios publicado en el número 2 de Imagonautas, revista interdisciplinar sobre imaginarios sociales. El hilo de las mismas lo constituye la serie Black Mirror, clara metáfora de la tecnología digital, las redes sociales y el mundo híper-conectado en el que vivimos. La serie plantea un conjunto de situaciones de ciencia-ficción aparentemente distópicas, pero que resultan extraña y alarmantemente familiares. Cada capítulo hace tomar conciencia de determinadas amenazas a la naturaleza humana.

Desde unos enfoques analíticos plurales que van desde la estética a la antropología, pasando por la sociología, se interpela al sentido último y profundo de la mediatización de lo humano y los límites de su libertad.

En una entrevista para el suplemento Play Series Javier Barraycoa señala que lo más inquietante de la serie es «que no pretende decirle al espectador qué está bien o que está mal, simplemente ofrece las posibilidades que da la tecnología y no plantea una alternativa para elegir. Hay varios capítulos en los que el protagonista parece que tiene una opción moral a elegir sobre los efectos de la tecnología, pero haga lo que haga se vuelve contra él». Aparte de este «determinismo tecnológico» que anula la libertad humana, citas otros grandes temas que se plantean en la serie: «el fin de la privacidad, la búsqueda insaciable de una felicidad que la tecnología nunca podrá proporcionar, la espectacularización de la realidad como control de la misma por ciertos poderes o el control social».

Al final, todo se resume en un trasfondo común: «Lo que se pone en juego es un juicio sobre qué constituye la persona y su dignidad, si podemos ser plenamente personas y relacionarnos con otros o si la tecnología nos desposeerá de esa cualidad para convertirnos en engranajes del sistema». Para terminar, Barraycoa confiesa cuál es su capítulo preferido y por qué: «Sin lugar a dudas, The National Anthem, el primer capítulo de la primera temporada. En el primer capítulo ya se ponen en juego todos los elementos que seguirán latentes en toda la serie. Paradójicamente es el más real pues la tecnología con la que se arma todo el argumento es la que tenemos diariamente a nuestro alcance. Si ves el primero, indefectiblemente ya te has enganchado».

A continuación extractamos una parte de la ponencia El imaginario social del control mediático y tecnológico: la distópica Black Mirror del profesor Barraycoa a las Actas – IV Congreso Internacional Latina de Comunicación Social donde adelanta parte de las ideas que desarrolla en este trabajo colectivo.
El control tecnológico y mediático

El poder actualmente no genera grandes directrices de propaganda explícita como hacían los regímenes totalitarios antaño, sino que crea “estados de conciencia”, al decir de Manel Castells. La creación de estos “estados de conciencia” son inducidos y no explicitados. El poder ha desarrollado lo que se denomina la capacidad de invisibilizarse. Este fenómeno sólo lo podemos entender completamente por comparación con las viejas estrategias del poder. Al analizar el antiguo arte del poder, aparece la figura del gigantismo: la construcción de grandes representaciones de los monarcas, tiranos y gobernantes. La estatuas gigantes permitían que todo el mundo lo viese y así el poder se hiciera omnipresente. En la actualidad el poder asume otra lógica ya prefigurada en el famoso panóptico de Bentham. Este artefacto, diseñado para cárceles y fábricas, permitía que el controlador viese pero no fuera visto. Una derivación posmoderna del panóptico es el programa televisivo del Gran Hermano, al que en la serie de Black Mirror se hace un guiño. Todos nos convertimos en cómplices del poder al participar en la función observadora del mismo. En la medida que aceptamos estos juegos, el poder queda legitimado para observarnos también. Este proceso ya fue augurado y teorizado por Guy Debord en La sociedad del espectáculo. El filósofo francés planteaba el espectáculo como un concepto clave para entender cómo evolucionaría el capitalismo, pasando de ser un mero sistema productivo a ser un sistema de control a través de la creación de imágenes espectacularizadas de la realidad. La sociedad, profetizaba, se iría espectacularizando hasta que no distinguiéramos la ficción de la realidad. Con otras palabras, se iba a ir crear de ella una imagen falsa pero indestructible. Si atendemos al origen etimológico, descubrimos que la palabra espectáculo viene de espejo (speculum–reflejo).
El término speculum tiene un claro ascendente indoeuropeo que ha dado origen a palabras relacionadas con la visión como cinemascope, periscopio o, incluso, espectro (fantasma). El espectáculo –mediático, propio de cultura de masas y fomentado por el poder político- es una representación (falsa) de la realidad. Debord anunciaba que el capitalismo triunfaría sobre el comunismo, al ser capaz de crear una representación simbólica de la realidad mucho más potente. Mientras que la religión de Occidente y las ideologías atribuían un papel fundamental a la historia, en cuanto que desarrollo del destino humano, ahora ya no es así. Se ha producido una verdadera revolución en la mentalidad de los individuos pues han quedado devorados por el afán de espectacularización y de vivir el “presente” y en el “presente”. Creando una imagen falsa de sí mismos y de su existencia, los ciudadanos, en su inmensa mayoría, ya no se sienten partícipes de la historia de su comunidad. Su única proyección vital y existencial se limita a vivir espectacularmente su escaso tiempo de ocio, sea el del fin de semana o el de sus vacaciones anuales. La existencia se transforma en un simulacro, como ya previó Baudrillard, de tal forma que en nosotros ya se desarrolla el hábito mental de aceptar las propuestas de imágenes, como una realidad adecuada a nuestros esquemas mentales. La sorpresa de la espectacularización, sustituye a la especulación racional.

miércoles, 31 de enero de 2018

Tradición o Revolución

No hay que engañarse: en el mundo actual no hay más que dos partidos. El uno, que se puede llamar la Revolución, tiende con fuerza gigantesca a la destrucción de todo el orden antiguo y heredado, para alzar sobre sus ruinas un nuevo mundo paradisíaco y una torre que llegue al cielo; y por cierto que no carece para esa construcción futura de fórmulas, arbitrios y esquemas mágicos; tiene todos los planos, que son de lo más delicioso del mundo. El otro, que se puede llamar la Tradición, tendiendo a seguir el consejo del Apokalipsis: “conserva todas las cosas que has recibido, aunque sean cosas humanas y perecederas”.

Una religión y una moral de repuesto.CRISTO ¿vuelve o no vuelve?. Padre Leonardo Castellani

sábado, 27 de enero de 2018

¿Qué hacer? (I): La situación actual

Bases para una salida de la crisis

La actual coyuntura reúne todos los elementos de un cambio de época, conjunto de hechos en que culminan acontecimientos muy anteriores y factores, a su vez, de profundos trastornos. Sin ser exhaustivo, se pueden mencionar los importantes fenómenos demográficos y migratorios, la expansión mundial del Islam, los efectos de políticas educativas suicidas que llevan a la ruptura de las herencias culturales, el desmantelamiento brutal del Estado de bienestar en beneficio de una desregularización liberal y del mercado universal (globalización) con sus graves consecuencias sociales, el desmembramiento de los Estados nacionales y la aparición de organizaciones complejas de poder, la lucha abierta mundialmente organizada contra la moral natural, el anticristianismo y el ateísmo militante.

En cuanto a la situación interna de la Iglesia, no escapa a nadie que presenta muchos contrastes y, humanamente hablando, muchas debilidades. En tales condiciones, no es posible seguir razonando como si el mundo no hubiera zozobrado en una crisis importante, y menos aún como si el optimismo  conciliar no hubiese sido juzgado por la historia como un error de previsión cargado de consecuencias. Se nos llama ahora, pues, a un nuevo razonamiento, un profundo cambio de perspectiva intelectual y espiritual.

Este enfoque, incluso si se ha evitado durante mucho tiempo, es impensable descartarlo indefinidamente, o reducirlo a la búsqueda de contemporizaciones, ya que los plazos presionan de manera cada vez más evidente.

Por ello, al final de un status quaestionis que nos hemos esforzado en limitar a lo esencial, proponemos un preámbulo intelectual y moral, y luego el examen de algunas hipótesis prácticas. Debe entenderse que se trata de la elaboración de una base alrededor de la cual se debería poder emprender después de una reflexión colectiva, reflexión que, por nuestra parte- este libro lo demuestra- hemos tratado de iniciar desde hace varios años.

Iglesia y política. Cambiar de paradigma. Dirigido por Bernard Dumont, Miguel Ayuso y Danilo Castellano

miércoles, 24 de enero de 2018

La España vacía, el carlismo y sus confusiones

La España vacía, el carlismo y sus confusiones

En abril de 2016 vio la luz la primera edición de La España vacía, del periodista Sergio del Molino, que este 2018 ha conocido su undécima edición llegando a más de 50.000 lectores, cifra nada desdeñable en el actual panorama cultural.

Con narrativa ágil y buen dominio de la geografía y la historia el autor va enhebrando artículos con pretensión ensayística, la cual se ve truncada en ocasiones por un exceso de carga autobiográfica, anecdótica y retórica. Sin embargo ha sabido poner la atención sobre un tema capital: la actual desolación de amplias zonas rurales de España, su muerte social y demográfica. Su gran éxito comercial es sin duda fruto de un hecho que el autor ha sabido sagazmente identificar y que repite a lo largo del libro: “la España vacía vive en la España llena”. Es decir, muchos españoles han visto en sus artículos un eco de sus orígenes o remotos recuerdos de una geografía sentimental que dejaron atrás. Muchas ideas sobre este abandono están bien apuntadas, como en lo tocante al nefasto impacto de la desamortización, aunque en otros casos se abusa de demasiados lugares comunes, sin redondear las tesis. Se propone un precario equilibrio dialéctico sobre la tradición de aquellos lugares, concediendo por igual sabiduría como ignorancia, felicidad como tragedia a la vida rural.

La aceleración del abandono y destrucción del campo español tiene uno de sus orígenes en la política de los gobiernos liberales del siglo XIX, cuando se implantó el centralismo burocrático de la burguesía plutocrática; la política de comunicaciones con las vías radiales, las desamortizaciones de los bienes comunales (el procomún), y el sistema tributario, con una mentalidad poco encubierta de aislar y asfixiar las comunidades rurales que entendían en su prejuicio ideológico eran custodio de atavismos seculares que  se oponían al nuevo mito moderno del progreso. Proceso de masificación, proletarización, individualización y ruptura de los lazos naturales, vínculos, arraigos a la tierra, a la propiedad real, a las tradiciones y al sentido comunitario y popular.

Nos interesa particularmente lo escrito en el capítulo VII, Manos blancas no ofenden. En el mismo se esbozo un acercamiento tipológico y costumbrista a Navarra, lo que le sirve para glosar una visión del Carlismo contextualizado en la temática general del libro.

El carlismo fue montaraz en un sentido no figurado. Fue la argamasa y el podio que dio autoestima a una España que se sentía morir por unas ciudades babilónicas y bárbaras, fue la venganza de una España que empezaba a vaciarse contra una España que empezaba a llenarse, y me parece significativo que una de las personas que pusieron a calentar el horno carlista fuera un fugitivo del arado[1], alguien resentido y que probablemente deseaba la muerte de aquellos presuntuosos burgueses y condes que se burlaban de su acento y sus manos ásperas.[2]

El desarrollo de esta tesis incurre no obstante en un cierto determinismo de sentido contrario al que el mismo autor advierte al referirse a las presuntas leyes de la Historia que enunciara Hegel. Dándole la vuelta al argumento hegeliano de que las fuerzas de la historia son tan poderosas que se manifiestan al margen de las personas que accidentalmente las sufren y viven el autor pretende que esos mismos hechos históricos no hubiesen sido posible sin el concurso del mundo rural. Lo que sin dejar de ser cierto es un enfoque parcial y reduccionista. Fueron las clases campesinas las más damnificadas por los golpes de Estado del liberalismo, sin duda. Pero seguramente en el momento germinal del movimiento carlista, que es donde sitúa la narración aludida, no fueron las más determinantes a la hora de los alzamientos carlistas, pues hasta años después los liberales no tuvieron la fuerza suficiente para imponer sus cambios revolucionarios: el pago de tributos en moneda en lugar de en especie y sobre todo la criminal desamortización. Hechos que los analistas más doctos podían intuir, pero que no servían para justificar un movimiento armado determinado en una exclusiva clase social o territorio. Una visión parcial que alimenta cierto mito romántico y que en virtud de su falta de consistencia puede determinar una lectura muy superficial del carlismo que llegue hasta alimentar la fantasía del carlismo como antecedente del nacionalismo, tesis a la que el propio autor del libro se apunta en alguna entrevista.
El carlismo es el movimiento interclasista por excelencia, seguramente de toda la historia política reciente. Fruto de la concepción armónica (que no ideal ni perfecta) y orgánica de las jerarquías tradicionales en el Antiguo Régimen. Pese a sus disfuncionalidades mostró ser un modelo mucho más integrado que el del liberalismo. Por eso no se puede realizar una lectura simple y lineal del carlismo como “ricos contra pobres” o “campo contra ciudad”. Particularmente en los albores de la Primera Guerra Carlista. Desde el funcionario de Correos que da el primer grito de “¡Viva Carlos V!” hasta el sostenimiento de la Causa por importantes militares de carrera, ejemplo paradigmático el General Zumalacárregui, el carlismo se extiende tanto entre gentes instruidas como a trabajadores manuales y pequeños artesanos, en el proceso álgido de la industrialización, el carlismo era multitudinario entre núcleos obreros como entre la propia patronal, todos hacían armas en defensa de una concepción trascendental y sacral de la comunidad política, en una realidad vivida que constituía una auténtica civilización frente a las pretensiones revolucionarias, que no dejaban de sentirse también en la España rural. Y si esas pretensiones eran minoritarias en el campo igualmente lo eran en la ciudad. En última instancia el enfrentamiento a un ejército regular de forzados con el concurso de otros cuatro ejércitos extranjeros y quizás el exceso de piedad de Don Carlos al no querer entrar a sangre y fuego en Madrid es lo que explica el triunfo de las armas liberales, más que los determinismos de orden rural o territorial.

Pese a ello no deja de ser sugestivo una aproximación al carlismo desde el enfoque campesino, siempre que se haga de forma ponderada y sin perder la magnitud del todo. En este sentido el propio autor reconoce que el carlismo no era ni mucho menos un mundo iletrado e incluso, para desmentir la visión excesivamente rural del mismo alude al Marqués de Cerralbo, uno de los aristócratas más finos de Madrid, De este escollo pasamos a una aproximación al carlismo en su vertiente romántica, con el ejemplo de Ciro Bayo, a cuyo espíritu aventurero achaca su alistamiento con los carlistas porque eran valientes, insobornables, nobles y viriles. Dicha arquetipificación la combina con el elemento de melancolía colectiva y con una cierta moral de derrota que hace que el carlismo pase a la posteridad con un halo de purismo ante la degeneración del mundo moderno, y particularmente de la ciudad. Ese diagnóstico incluso ha generado un cierto conformismo autorreferencial en ocasiones en el interior del propio carlismo, pero representa una nueva confusión reduccionista de un fenómeno de perfiles mucho más extensos.

En definitiva el aludido contexto de la obra no puede evitar demasiadas simplificaciones, con lo que el carlismo casi quedaría reducido a un mero recurso retórico, pese a la, en general, aceptable documentación que el autor maneja en torno a fechas, personajes y espacios. Quizás eso sea lo más destacable, que no se cometan errores de bulto en una obra generalista cuando se habla de carlismo, por más que las conclusiones y aproximaciones del autor resulten parciales.



[1] Se refiere a Calomarde.
[2] Sergio del Molino, La España vacía, Pág. 201, 10ª Edición.

sábado, 20 de enero de 2018

Modernidad y postmodernidad contra la Tradición

No es de extrañar que todo este recorrido del pensamiento europeo a lo largo de la “Modernidad”, ya desde el siglo XIV haya acabado culminando en una explosión que ha oscilado entre la rebelión más absoluta y la desesperación, entre las aspiraciones más radicales de una libertad sin límites y el sentimiento de angustia ante la realidad de la libertad, entre la voluntad de crear un nuevo orden (la imaginación al poder) y la sensación de la nada. Llegados a este punto, los hijos de la “Modernidad”, del pensamiento que ha venido conformando la “Modernidad”, han terminado proclamando el fin de esta y la inauguración de la “Postmodernidad”, en realidad con bastantes pocas expectativas de verdad esperanzadoras para el hombre. El alejamiento de Dios y la ruptura con las raíces culturales y espirituales de la Europa han llevado inevitablemente al fracaso y la frustración, y por ende a la negación del auténtico ser de Europa.

El profesor Eudaldo Forment ha señalado siete características de la “Modernidad”: confianza ilimitada en la razón, conciencia histórica (en cuanto llegada a la madurez de un progresivo proceso universal), utopía del progreso, principio de inmanencia (la concepción del hombre dentro de los límites de la naturaleza y de la sociedad), reivindicación de la libertad, ateísmo (ya al final del proceso de la “Modernidad”, llegando a un antiteísmo) y fin de la Metafísica.

En contraposición, caracteriza la “Postmodernidad” por las siguientes peculiaridades: irracionalismo (primacía de las apetencias y sentidos sobre la razón), fin de la Historia (no existe la Historia como tal, sino que simplemente debe vivirse el presente como un acto inmediato en su totalidad), politeísmo de valores (el único valor es el ser nuevo y hay un progreso sin finalidad definida, de lo que se sigue un modelo de heteromorfismo, disenso, localismo e inestabilidad, que implica la legitimación de un pluralismo de valores), primacía de lo estético (consumación del nihilismo, del sinsentido absoluto de la realidad, de la carencia de validez de los valores supremos, y por eso la preocupación central ya no es el hombre, sino la estética, orientado a lo difuso y la ruptura con la belleza), el fin de la libertad (la única libertad posible es la de la disgregación, de la diferenciación y de la desaparición), indiferentismo religioso y postmetafísica ( y se arriba así al “pensamiento débil”, el único posible en esta era postmetafísica). Por lo tanto, “estos siete rasgos de la postmodernidad representan una pérdida de confianza en la razón, en la realidad, en el hombre y en Dios, y muestran que en el fondo de la postmodernidad se encuentra una posición de inseguridad” (Lecciones de Metafísica. Madrid Rialp 1992).

En esta “Postmodernidad” es en la que se halla inmersa la Europa actual que viene a convertirse así de lleno en la negación de la verdadera Europa.

Tomado de: La Crisis de Occidente. Orígenes, Actualidad y Futuro, de Santiago Cantera Montenegro

jueves, 11 de enero de 2018

El fraude de la "democracia": Tiranía y oligarquía

"De lo cual se deduce que lo que hoy se llama oligarquía, con término de exactitud muy cuestionable, es una tiranía habitual cometida no por pocos, bien que por los menos, en daño de la inmensa mayoría nacional. En el diagnóstico (la propiedad del nombre de la enfermedad importa menos) estamos conformes todos los hombres de buena voluntad, sin diferencias de escuelas ni partidos.

¿Y quién es, quiénes componen esa minoría tiránica, bien que no de pocos, aunque lo sean en comparación de los explotados y oprimidos? La oligarquía presente es una burguesocracia en que todas las capas de la clase media se han constituido en empresa mercantil e industrial para la explotación de una mina, el pueblo, el país; es una tiranía y un despotismo de clase en contra y en perjuicio, no de las otras, porque ya no las hay, sino de la masa inorgánica, desagregada y atomística que aún sigue llamándose nación.(...)

Yo no conozco tiranía más solapadamente disfrazada y encubierta de filantropía, de humanidad, de libertad, de soberanía, de regeneración, menos que eruditos a la violeta, que inventaron la sofística urdimbre del programa revolucionario y realizaron la Revolución de crueldad felina para engañar y desmoralizar, oprimir y usufructuar al pueblo. ¿Se concibe nada más diabólicamente habilidoso que trasladar la soberanía, digo, el sufragio, que es cosa muy distinta, a la masa infeliz y absolutamente incapaz, para secuestrarle luego el voto con el engaño a una inteligencia inculta y crédula, con la tentación a concupiscencias no domadas y salvajes, con la dádiva a una necesidad continua, múltiple, absoluta y apremiante, con la coacción a una dependencia total y completa, a una miseria más congojosa y aflictiva que la servidumbre medieval? Pues esto fue, es y será la burguesía oligárquica: un tirano colectivo, anónimo e irresponsable que, para libertarse de los furores y asechanzas de las víctimas, hace creer a los oprimidos y esquilmados que son dueños de sí mismos y mandan en los demás, mientras él, oculto y tapado, maneja los resortes del retablo y mueve los muñecos soberanos, y detrás de la cortina se harta alevosamente del patrimonio de libertad, de autarquía, de legítimas utilidades y derechos hurtados con tal infamia al pobre pueblo (...)

En España, el oligárquico imperio burgués presenta formas más repugnantes y caracteres más graves, porque no hay quien le vaya a la mano ni resistencia popular organizada que la haga entrar, si no en vías de justicia, al menos en temperamentos de prudencia como en otras partes. La porción extraviada del pueblo aún conserva cierto buen sentido común y moral que la retrae de entregarse del todo a la organización y reglamentación socialistas; y la mayoría popular, honrada y sana, tiene una aversión instintiva a esas bochornosas farsas parlamentarias que han envilecido y arruinado a la nación, y no comprende cómo puede ser instrumento de salud y de restauración salvadora el que lo ha sido de desdichas y vilezas, de iniquidad, de corrupción, de pobreza, de deshonor y, si Dios no lo remedia, de nuevas mutilaciones, y al fin, de ignominiosa muerte."

Oligarquía y caciquismo (Texto completo AQUÍ). Don Enrique Gil Robles. Salamanca, 28 de mayo de 1901

Enrique Gil Robles: la crítica al parlamentarismo como núcleo del pseudoorden burgués

sábado, 25 de noviembre de 2017

Guipúzcoa Unida (G.U): Plataforma católica foralista con sustrato y apoyo tradicionalista en la transición

                 La Comunión Tradicionalista apoya a Guipúzcoa Unida

En 1977 se formó Guipúzcoa Unida (GU) (en vascuence gu es la primera persona del plural, por tanto significa «nosotros») como coalición política de ámbito guipuzcoano. Según ABC 3/02/1977 estaba formada por nueve partidos políticos, con un común denominador de «españolismo». Se informaba también de que la Comunión Tradicionalista aunque no estaba orgánicamente integrada apoyaba la coalición. Se declaraba defensor de la fe católica y rechazaba cualquier forma de separatismo o de integración supranacional, en un mensaje claro contra la OTAN y la CEE. Su objetivo en un principio, expresado en el acto de presentación de la coalición, fue acudir a los sucesivos comicios que se celebren en Guipúzcoa, tanto de ámbito local o provincial como de carácter nacional[1].
Tradicionalistas en las listas de G.U

 Se definió como una coalición de fuerzas guipuzcoanas de diverso signo político y procedencia y su aspiración fue representar la voluntad de los guipuzcoanos que persiguen la defensa de los valores espirituales del hombre, la unidad de España, el restablecimiento del Fuero de Guipúzcoa, la Monarquía, la democracia como sistema político, la justicia social y la mejor distribución de las rentas, la propiedad privada[2]. En los actos de presentación de la coalición, se subrayaron los siguientes objetivos: fidelidad a la secular tradición católica de Guipúzcoa, integrar fraternalmente en la sociedad guipuzcoana a los naturales de otras regiones en igualdad de derechos y deberes, restablecer el Fuero (...) como derecho común a todas las provincias que puedan reclamarlo para sí ya que reivindican el derecho de las provincias a desarrollar su personalidad, a fomentar su cultura, a defender sus valores autóctonos pero dentro de la suprema realidad de España que es una y varia, por lo que el Estado debe ser también unitario y descentralizado a la vez, defensa de la monarquía como la mejor solución política para nuestra Patria y como la institución de mayor arraigo en las tradiciones de Guipúzcoa, trabajar por la reforma constitucional que instaure la democracia, defender los derechos de los trabajadores y la propiedad privada limitada por el bien común, y la paz en orden y libertad presidida por la justicia. El lema elegido para concurrir a las elecciones fue «Guipúzcoa Unida: Libertad y progreso en orden. España, lo único importante».[3]
Ni fascismo ni marxismo

La Junta Directiva de GU estuvo presidida por el destacado deportista guipuzcoano José Orbegozo Eguiguren, ocupando la vicepresidencia primera Roque Arambarri Epelde y Juan María Álvarez Emparanza, destacado pintor y crítico de arte. Juan Antonio de Olazábal que era miembro también de la Junta de la Comunión Tradicionalista[4] y sobrino del mártir carlista Juan de Olazabal Ramery[5] ocupaba otra vicepresidencia, junto a Gervasio Juaristi Ostolaza, Eduardo Manzano García, Manuel Palacio Pina y Antonio Tegedor Ciriza. Luis Larrañaga Bilbao  fue secretario general y Ramón Albistur Esparza, voluntario de la primera compañía del Tercio de Requetés Oriamendi de San Sebastián ocupó el puesto de vicesecretario. Federico Bergareche Abaigar ejerció las funciones de tesorero y los vocales Jesús María Ayestarán Alcorta, María Francisca Echaide de la Quintana, Venancio Recalde Berrondo, Félix San Vicente Moreno, María de la Soledad Azpiain Pacheco, José Sarasola Galdaracena, María del Carmen Alzugaray Pastor, María Luisa Eguía Gárate, José Antonio Vicuña Rodríguez y José Antonio Vivó Undaberrena. El Comité Ejecutivo estuvo formado por José Orbegozo, Roque Arambarri, Eduardo Manzano, Luis Larrañaga y Federico Bergareche. La mayoría de los miembros de Guipuzcoa Unida habían sido militantes carlistas y procedían de familia de tradición carlista. Juan María Araluce, presidente de la Diputación de Guipúzcoa asesinado fue declarado presidente de honor.
Propaganda profundamente foral y en vasco

Auñamendi Eusko Entziklopedia define a Roque Arambarri Epelde como:

Abogado y personalidad del carlismo tradicionalista guipuzcoano nacido en Azkoitia el 27 de mayo de 1917. De carácter aperturista fue miembro de la Academia Errante, una suerte de universidad popular guipuzcoana que desarrolló una intensa actividad cultural durante los años 60.[6]

Otro destacado militante fue José María Silveti, presidente de la cofradía de pescadores de Guetaria. Muchos miembros del comité ejecutivo y militantes lo eran también de la Comunión Tradicionalista.

La Comunión Tradicionalista-Carlista emitió su público apoyo por considerar que:

Era la que mejor representaba un concepto cristiano de la vida, la que iba a luchar por un auténtico Régimen Foral de Guipúzcoa, la que defendía la unidad de España, y la que se situaba sin ambigüedades frente al concepto ateo y materialista del marxismo, frente al falso concepto de Euzkadi y frente al separatismo.[7]
GU obtuvo buenos resultados electorales, consiguiendo 27.048 votos, un 8,16% del electorado, fue la cuarta fuerza más votada del total de doce que concurrían. Sin embargo, por un muy escaso margen y debido a las carencias del cálculo de reparto electoral no obtuvo un escaño, que fue a parar a las manos de Euskadiko Ezkerra, quedando GU como organización política extra-parlamentaria. En municipios donde se mantenía la presencia tradicionalista en los círculos carlistas, como en Villafranca de Oridicia o en Zaldibia, se alcanzaban porcentajes mayores, llegando a un 11,8% y a un 13,6% de los votos respectivamente. También fueron significativos los votos en Oñate, un 11,7% de los votos, superando al PSOE y con mucho mayor porcentaje que EE y ESB, siendo la segunda fuerza más votada[8]. Oñate fue la Corte de Carlos V durante la Primera Guerra Carlista, y entre 1835 y 1839 los carlistas reactivaron su Universidad, Real y Pontificia Universidad Vasco-Navarra, siendo Decano de su Facultad de Derecho el destacado catedrático palentino y jefe delegado de Don Carlos VII, Matías Barrio y Mier. También se estableció la Imprenta Real desde el que se imprimía la gaceta oficial carlista, llamada «Boletín de Navarra y Provincias Vascongadas».

La fragmentación del voto de no nacionalista en Guipúzcoa entre tres formaciones políticas: GU, DCV y Demócratas Independientes Vascos había impedido que estas fuerzas que en conjunto sumaban cerca del 18% del electorado hubieran obtenido representación parlamentaria. GU fue la más votada de estas tres opciones, las otras dos no llegaron al 5% de los votos, pese a que la formación de Demócratas Cristianos Vascos contaba con el prestigio del apellido Oreja, el cual arrastró a gentes procedentes del carlismo, como el que fuera alcalde de Elgoibar Jaime Arrese Arizmendiarrieta[9]. Y fue GU la candidatura que más sufrió el acoso de los terroristas, que lanzaron la consigna de boicotear todos sus actos y destruir su propaganda. La banda terrorista ETA asesinó a José Antonio Vivo Undabarrena, miembro del partido, alcalde de Olaberría y Diputado Foral de Guipúzcoa.



[1] Diario Vasco, 03/II/1977, p. 8.
[2] Diario Vasco, 29/V/1977, pp. 16-17.
[3] Diario Vasco, 03/II/1977, p. 8.
[4] El País, 22/II/1977.
http://elpais.com/diario/1977/02/22/espana/225414033_850215.html
[5] Los Olazabal tuvieron que huir a Francia tras la represión desatada por los liberales contra los carlistas al acabar la Tercera Guerra. El 1 de julio de 1895 tomó posesión del cargo de concejal del Ayuntamiento de San Sebastián, siendo destituido en 1896 junto con la mayoría de la corporación municipal por oponerse al cumplimiento de una orden ministerial que consideraba perjudicial para los intereses de la ciudad con la fórmula foral: «Se obedece; pero no se cumple». Olazábal fue jefe del Partido Integrista hasta la reintegración del mismo en la Comunión Tradicionalista, interviniendo activamente en política. La reincorporación de dicho partido a la Comunión Tradicionalista fue obra personal de Juan Olazábal, que no pidió condición alguna. Fue nombrado miembro de la Junta Provincial de la Comunión, manteniendo el cargo hasta la fecha en que fue asesinado en la prisión de los Ángeles Custodios de Bilbao a la edad de 74 años.
Se opuso férreamente al Estatuto de autonomía de Cataluña de 1932, y combatió al nacionalismo, al que consideraba antiespañol, antivasco y totalmente opuesto al tradicional régimen foral que Olazábal defendía.
[6] http://www.euskomedia.org/aunamendi/24584
[7] Diario Vasco, 05/06/1977, p. 9
[8] Gipuzkoako geografia politiko elektorala. José Ignacio Ruiz Olabuenaga,  Mª Jesús Hernando Aguirre y Mª Carmen Usoz Iraola. Lurralde, revista del Euskal Geografi Elkargoa «Andrés de Urdaneta». número 1, 1978, págs. 37-97 realiza un gran análisis de la dinámica electoral de esos comicios con una interesante pluralidad de variables de índole sociológica y económica.
[9] La Euskal Ikasketetarako Fundazio Popularra glosa así su trayectoria vital:

Fue el pequeño de una familia numerosa de nueve hermanos, caracterizada en algunos aspectos por los contenidos que casi siempre acompañaron desde finales del siglo XIX a las familias del país vasco. La familia de Jaime se encontraba más cómoda siguiendo los postulados del carlismo sociológico, y en este ideario, Jaime aprendió a respetar las opiniones ajenas y a querer entrañablemente a su Elgoibar natal.

Se destacó además su impulso al vascuence a nivel municipal, lengua de la que era hablante.
Militó en la UCD y fue asesinado por ETA el 23 de octubre de 1980.
Tomado del capítulo VII: LA RESISTENCIA POSIBLE. LOS PARTIDOS FORALISTAS EN LA TRANSICIÓN, del libro «Una resistencia olvidada. Tradicionalistas mártires del terrorismo» (Ediciones Auzolan, 2017) de Víctor Javier Ibáñez Mancebo.

El libro puede solicitarse desde cualquier lugar a: info@edicionesauzolan.net o en el facebook de Ediciones Auzolan Pulsar Aquí

jueves, 23 de noviembre de 2017

"Una resistencia olvidada" en Bilbao, 27 de noviembre

PRESENTACIÓN DE "UNA RESISTENCIA OLVIDADA"

DÍA:          LUNES, 27 DE NOVIEMBRE
HORA:     19:30 HORAS (siete y media de la tarde)
LUGAR:   LIBRERÍA CÁMARA C/ Eskalduna nº 6 BILBAO

Víctimas y verdugos: ¿equidistancia ante los etarras?

En el digital La Tribuna del País Vasco, Fernando José Vaquero Oroquieta entrevista a Víctor Javier Ibáñez, autor de "Una resistencia olvidada. Tradicionalistas mártires del terrorismo" (Auzolan 2017)

El libro puede solicitarse desde cualquier lugar a: info@edicionesauzolan.net o en el facebook de Ediciones Auzolan Pulsar Aquí

sábado, 11 de noviembre de 2017

Valencia: Presentación de "Una resistencia olvidada" el 2 de diciembre

El Círculo Carlista Abanderado de la Tradición, Ntra Sra De Los Desamparados y Valentia Forum tienen el gusto de invitar el próximo sábado 2 de diciembre a las 18h en el Casino de la Agricultura de Valencia (C/ Comedias, nº 12) a la presentación del libro de Víctor Javier Ibáñez:  “Una resistencia olvidada. Tradicionalistas mártires del terrorismo” de Ediciones Auzolan.

Su autor Víctor Javier Ibáñez, junto a otros, serán los encargados de presentar esta magnífica obra que relata la vida amarga de muchos vascuences perseguidos y/o asesinados por la banda terrorista nacionalista ETA.

Defender la autenticidad española ha provocado el terror en muchas familias que, desamparadas por el estado, los gobernantes y los horrorosos acontecimientos, han tenido que salir a flote como buenamente han podido.

Para todos ellos, el autor les brinda este pequeño homenaje con la intención de que toda esa valentía, jamás caiga en el olvido. 

El libro puede solicitarse desde cualquier lugar a: info@edicionesauzolan.net o en el facebook de Ediciones Auzolan, PULSAR AQUÍ

Ediciones Auzolan en Granada, Córdoba y Sevilla

Ediciones AUZOLAN, invitada por el Club de Tertulia Secondo Venerdi -foro de opinión de referencia en la capital del Reino de Granada-, presentó en la Casa de Melilla de Granada la obra "Una resistencia olvidada" el miércoles 8 de noviembre
En la imagen podemos ver al autor de la misma, acompañado por Rodrigo Bueno, izq., y Alejandro Aguilar a su derecha, presidente del Club de Tertulia Secondo Venerdi .
 Tertulia-Presentación
Carlistas del Círculo Tradicionalista General Calderón de Granada, con el autor Víctor Javier Ibáñez y su esposa Teresa.
 PRESENTACIÓN EN CÓRDOBA
El Real Círculo de la Amistad de la ciudad de Córdoba, acogió el pasado 9 de noviembre la presentación del libro Una resistencia olvidada (Ediciones Auzolan), en el que el autor, Víctor Javier Ibáñez, ahonda en la víctimas del terrorismo de filiación tradicionalista, que han quedado relegados en el recuerdo de todos los asesinados por la banda terrorista ETA.
 La sala preparada para el acto se llenó por completo 
Gran mayoría de jóvenes entre los asistentes
El autor Víctor Javier Ibáñez Mancebo firma ejemplares entre los asistentes
 PRESENTACIÓN EN SEVILLA
En la Sala Cultural La Revuelta, en la capital hispalense, organizada por la Asociación Fernando Tercero y el Círculo Carlista Virgen de los Reyes.